El atajo de la señora Todd - Stephen King
—Ahí va la Todd —dije. Homer Buckland miró pasar el pequeño Jaguar y asintió. La mujer le saludó con la mano. Homer inclinó ese cabezón suyo desgreñado, pero no correspondió al saludo. Los Todd tenían una gran finca de recreo en Castle Lake y Homer era su guarda desde tiempos inmemoriales. Pero algo me decía que la segunda esposa de Worth Todd le caía tan mal como bien le había caído la primera. Eso ocurría hace unos dos años, sentados nosotros en un banco frente a la tienda de Bell, yo con una gaseosa de naranja en la mano y Homer con un vaso de agua mineral. Corría octubre, que en Castle Rock es una época tranquila. Si bien es cierto que muchas de las casas del lago siguen recibiendo visitantes los fines de semana, la alcohólica vida social del verano ha terminado ya, y todavía no han aparecido los cazadores con sus grandes escopetas y sus costosas licencias de no residentes prendidas en las gorras anaranjadas. Las cosechas, en su mayor parte, están en los hórreos. Las noches son fres…