El dios sin rostro - Robert Bloch

El dios sin rostro - Robert Bloch
El hombre que estaba extendido en el potro empezó a quejarse. Y cuando la palanca estrechó aún más el aparato, su quejido se convirtió en un penetrante alarido de dolor. —¡Bueno! —exclamó el doctor Carnoti, en tono satisfecho—. Parece que vamos a persuadirle. Luego se inclinó sobre el infeliz y le dijo: —Muy bien, Hassan. Creo que no necesitarás más estímulos, ¿eh? Dime, pues, dónde se encuentra ese ídolo. Hassan emitió entonces una serie de sonidos guturales, y el doctor Carnoti se vio obligado a arrodillarse a su lado, para poder entender su embarullado murmullo. Aquel conjunto de frases incoherentes duró unos veinte minutos, y después el doctor se enderezó impresa en su semblante una expresión complacida, para dirigirse a la única puerta del penumbroso recinto, mas no sin dirigir antes una elocuente seña al negro que manejaba la máquina del tormento. Seguidamente salió, en tanto que el verdugo asentía en silencio, desenvainaba su afilado sable y lo alzaba sobre su cabeza, empuñado con …