La cámara sangrienta - Angela Carter
Me recuerdo despierta aquella noche, insomne en la litera del coche-cama, en un éxtasis delicioso, arrobador de loca efervescencia, la ardiente mejilla hundida en la impecable batista de la almohada y el batir frenético de mi corazón remedando el jadeo de los grandes pistones del tren, de ese tren que me llevaba lejos a través de la noche, lejos de París, lejos de la infancia, lejos de la casta y recoleta quietud del apartamento de mi madre, rumbo al inimaginable país del matrimonio. Y me recuerdo a la vez pensando con ternura en ella, imaginándola, a esa misma hora, en un lento ir y venir por aquel cuartito que yo había abandonado para siempre, recogiendo y guardando mis pequeñas reliquias, las ropas dispersas que ya nunca más volvería a usar, los programas de concierto, las partituras que no hallaran un sitio en mis baúles; me parecía verla demorándose en la contemplación de una cinta deshilachada, de una fotografía amarillenta, con todas las confusas emociones, la felicidad, las ang…